Ejercicio colectivo: Songs for distigue Lovers

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Un mono

⊆ 7:21 by O | . | ˜ 6 comentarios »

-¿Sabes cuál es la última moda?


-¿Cuál?
(un momento, vamos por aquí)

-Las jam de escritura.

-¿Y eso que son?
(ahora giramos a la derecha)



-Pues en las jam de escritura, un escritor se sube a un escenario con un ordenador y escribe un texto en vivo para sus lectores. Ellos lo leen proyectado en una pantalla.

-Menuda idiotez.
(cruzamos)

-Pero supongo que el tipo lo llevará preparado de casa ¿no?
-Supongo.



-Entonces ¿qué sentido tiene?

-Ninguno, pero es la moda y la gente asiste. Es vanguardia.

-Es una mierda absurda.

-Sí.

-¿A dónde me llevas?
-Espera. Ya casi estamos.






-Mira. MIRA.

Siempre que tengo que currar por aquí, paso a verlo ¿No te gusta?

-Es muy bonito, amor.

-Es un mono antiguo.

-Ya veo (montado en un caballo de madera). Es precioso.

-A mí me encanta.

-Lo sé.

-Pero no me gustaría tenerlo en casa. Me daría miedo.





⊆ 13:09 by O | . | ˜ 0 comentarios »


Irene

⊆ 16:46 by O | . | ˜ 6 comentarios »


Una vez vimos a Lou Reed desde las butacas de un salón de actos. No había cerveza, el aire estaba limpio y a duras penas uno podía mover los pies al ritmo de sus temas por no hacer ruido. Reed llevaba a sus músicos -una batería eléctrica- y a su profesor de Tai Chi, que irrumpía entre canción y canción para marcarse unos movimientos insólitos.

Los temas estaban arreglados, tan arreglados que ni parecían los temas. Todo era rarísimo. Entonces tocó Sweet Jane.

La canción sonaba idéntica y lloramos (aunque nunca lo reconozcas). Yo lloré de golpe (aunque normalmente necesito un rato para empezar a llorar). Lloré de golpe (y también tú: los dos lloramos), como un grifo abierto, desde el primer acorde hasta el último y te apreté la mano.

Otra vez vimos a Caetano Veloso en el jardín de las Ursulinas.
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Caetano Veloso (pffffff, Caetano) tiene un álbum que se llama como él y que compuso mientras estaba en la cárcel. Ese álbum tiene, en mi opinión, muchas de sus mejores canciones. De entre todas ellas mi preferida es Irene ¿La recuerdan?

Eu quero ir, minha gente, eu não sou daqui
Eu não tenho nada, quero ver Irene rir
Quero ver Irene dar sua risada

Siempre creí que Irene era una canción de amor. Tan sencillita y tan bien que suena, siempre pensé que era una de esas canciones de amor en sintonía con el que se ama. Una historia en la que ambos protagonistas son felices y se quieren mucho. Caetano celebra la risa de Irene.

Pues no o sí, según se mire. Verán, Irene es el nombre de un arma. Es la pistola de Tenório Cavalcanti, un político brasileño al que estuvieron a punto de matar durante el golpe de estado. Cavalcanti era un pistolero. Caetano desde su celda le anima. Ya me entienden: quiere ver cómo Irene echa una carcajada.


- ¿A ti el concierto de Caetano no te gustó tanto, verdad?

- Sí que me gustó.

- Pero no tanto como cuando Lou Reed tocó Sweet Jane o Los Kiss Strutter?

- No, no tanto como tú.

- Ya me imaginaba.


Si ni Caetano ni María cantan Irene y, por ejemplo, la cantan Os Mutantes. Yo me creo que es una canción de amor total y les acompaño a las voces.


Balbuceo

⊆ 3:31 by O | . | ˜ 6 comentarios »



Ya se sabe: pensar y hacer no son la misma cosa. Uno puede pensar “Yo a este tipo me lo cargaba” y no hacerlo; o puede pensarlo, ejecutarlo y luego confesar que lo hizo e ir a la cárcel de puro arrepentimiento. Por eso, yo añadiría un transitivo más a la lista. En realidad, se pueden dar tres pasos en el proceso: puedes pensarlo, decirlo y, finalmente, si te ves con ganas, llevarlo a cabo.

La mayoría de las veces, sólo lo pensamos [me comería un bombón]. Pero si le decimos a alguien “oye, tú me gustas”, estamos buscando una reacción en esa persona. Queremos, en cierto modo, que asienta, que nos invite a comprarlo o incluso que vaya ella misma a la pastelería y nos ofrezca el más delicioso de todos. Luego, incluso, uno puede comérselo y ya ha dado los tres pasos. Fin.

Se puede pensar [me voy}, luego decir “ya me voy” y no irse nunca porque cuesta mucho, porque la conversación, justo después de decirlo, se puso interesante, porque, de pronto, empezó a llover y decidimos esperar a que escampara...

El leguaje ofrece recursos para la restauración de nuestra identidad, de nuestra autoestima, de nuestro bienestar cotidiano, de nuestra intimidad, de nuestro porvenir (Bordelois, 2005). Decir algo, escribirlo, cantarlo, recitarlo implica necesariamente la presencia de alguien más que escucha y lee. Por eso cuando afirmamos en voz alta “mañana voy a dejar de fumar”, establecemos un compromiso con la futura acción, buscamos la presencia de un testigo que nos “obligue”, al menos por vergüenza, a cumplir con lo acordado.

A veces se dice demasiado, no queriendo decir justo eso. A mí me pasa. Pienso en decir algo, lo digo y luego, no llega al otro como yo quería. De la reacción, en este caso, ni hablamos.

Qué sé yo. A veces es difícil manejar las palabras. No todo el mundo nace poeta, de modo que habrá que ejercitarlas.

Con todo, decir lo que uno piensa, callar lo que uno piensa, no actuar sobre lo que uno piensa son decisiones propias. Pensar no, el pensamiento va distinto: se instala en la cabeza y ahí no hay nada que hacer: sólo rezar, cantar mantras o ver Perdidos.

Así, quien ama la palabra –quien sabe como usarla- provoca una reacción física en a quien va dirigida. A veces no hace falta que uno se desplace para lograr su objetivo y con sólo pensar [ ojalá ella volviera a casa] , decir (...)

¡Si supieras cuánto, cuánto
la casa y yo te queremos! (…)
Nunca podría decirte
todo lo que te queremos:
es como un montón de estrellas
todo lo que te queremos.

(Enrique Banchs: Balbuceo)
y esperar... Puede que ella recapacite, vuelva y hagamos el amor. Ya me contarán ustedes si uno vuelve a casa o no, después de que alguien le diga algo así. E igual, sólo hemos tenido que levantar el auricular del teléfono.
¡Ay, la palabra!


Habitación de hotel

⊆ 17:53 by O | . | ˜ 4 comentarios »

Habitación de Hotel, 1931

Dice Jo en su diario: “Ed ocupa el centro de mi universo. Si estoy a punto de ser muy feliz, él se ocupa de que deje de serlo”.

A pesar de esta afirmación, Jo Hopper le acompañó hasta el día de su muerte. Esperó diez meses y después se fue a buscarle. Quizás intuyó que su marido no sería capaz de arreglárselas solo… Si fue así es hermoso.

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Aunque nunca llegaran a ser una pareja modelo (¿?), ellos quisieron permanecer juntos hasta el final y lo lograron. Edward creaba, se enfadaba, se reía y Jo le cuidaba como quien cuida algo muy valioso y finge, a la vez, indiferencia.


Jo era su musa. Ella es la única mujer en sus cuadros.


Habitación de hotel marca para mí, como dice Arianna, el recorrido hasta un concepto. Mi mente va asociando detalles dentro de categorías (dentro de ese cuadro) para crear conceptos como si de componer un puzzle se tratara. Así como la imagen del puzzle, también el concepto podrá ser intuido cuando el puzzle no esté del todo listo.
Una mujer rubia y delgada está sentada al borde de la cama en ropa interior con un libro entre sus manos. Su espalda se angula sobre el libro, su cabeza cae. A esa distancia es probable que no vea bien las palabras que contiene. La mujer, aunque llegara a ver las palabras, no estaría leyendo. Ella no puede distraerse de su tristeza.


Una mujer rubia y delgada se ha marchado de algún sitio por obligación, por necesidad. Su rostro está en sombra, su nariz apunta al suelo y aún no ha deshecho su equipaje. La mujer le da la espalda al mudo que es toda luz y vacío. Se sienta sola.


Edward la ha encerrado en esa habitación de hotel para transmitir un fuerte sentimiento de pérdida. Su propia pérdida: la página en blanco, un sueño roto.


Mujer rubia, maleta, libro.
Zapatos, sombra, ropa interior.
Ventana, luz, sábanas de hotel.



Y a mí que esa Jo me recuerda a la Signora de George en Un gato bajo la lluvia… Pero tanto…